pies

Hablando de caminos y caminantes… he recordado algo que permanecía escondido en la ventana secreta. Meses sin visitarla, por cierto. Extraño releerla.
Esto data del 26 de agosto.

Tras una noche serena resigo algunas de las extrañas imágenes que me habitaron o que, según me cuentan, recordé.

El pájaro arriba, el dragón abajo, recogido en sí mismo, como un caracol.
Entre los dos y atrás, el anciano. Delgado, sabio.
El bastón conectándole a la tierra y al cielo.

Hay entre los tres un vínculo tan visible (yo puedo verlo, como una cuerda ) que casi se hace tangible.

El anciano sabe que puede atravesar el espacio que hay entre el pájaro y el dragón, y sabe que si decide hacerlo, el vínculo puede distanciarse o incluso romperse.

Se pregunta cómo sería.

Y casi sin tiempo de agarrarse a las dudas, consigue verse. En ese mismo instante se ve a sí mismo en la aventura de romper con los que fueron su cielo y su tierra. La sonrisa que nace en sus labios le da todas las pistas que necesita. Entiende que atravesar el espacio es su presente. Lo hace y bajo sus pies se dibuja el camino.

Mira sus manos… ya no es un anciano.
Son unas manos jóvenes, vitales, fuertes y llenas de energía.
Como sus pies, ansiosos de camino.

La sonrisa en sus labios le acompañará en las nuevas andanzas. Es un camino de baldosas, y a los lados nace la hierba, flores, árboles y generosas alimañas. Sí, exactamente como en mi canción.

Recuerdo que el nuevo joven cargaba una mochila en su espalda, pero yo le sentí tremendamente ligero.

Esto no es un cuento ni una invención.
Lo soñé, lo ví, o lo recordé.
Yo que sé, la vida es muy rara.

febrer 25, 2011
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