En busca de la relación ideal. Un espacio para cada persona y cada momento.

Hoy quiero seguir con el hilo iniciado en el artículo anterior, donde te hablaba de cómo ha sido mi experiencia de dejar de hacer lo que me sentaba mal  y contarte cómo ha sido esto de atreverme a ir en busca de mi coworker ideal. 

En mi ciudad hay un montón de profes de yoga, y cada uno de ellos es único. Aún compartiendo la misma disciplina, cada una de esas personas es única en su manera de sentir, practicar y transmitir el yoga. Y por supuesto, también lo es en cuanto a su trayectoria y momento.

Me explico. 

No es lo mismo alguien que acaba su formación de profe y se lanza con sus primeras clases, que la que lleva 5 años haciendo clases de yoga y tiene una base de 50 alumnos fidelizados , que quien lleva 10 años haciendo clase y no ha conseguido estabilizar tus grupos. 

Cada una de estas personas tiene una situación distinta. Y aunque seguramente comparten un objetivo general del tipo “quiero vivir cómodamente de mi profesión como profe de yoga”, los pasos que tendrán que hacer para llegar a ese objetivo serán distintos. 

El modelo y los valores

Hubo un momento en que tuve que decidir quién era mi coworker ideal y en qué momento tenía que estar para entrar a formar parte del equipo. Tardé mucho más de lo que me hubiera gustado… y a día de hoy todavía hay algunos “no” que me cuestan.

Pero ahí voy. La verdad es que seguir reafirmándome en los “no” necesarios es un ejercicio muy potente. Y necesario. Porque me ayuda a seguir conectada a los valores que sustentan mi proyecto y las relaciones que en él se gestan: libertad, responsabilidad y confianza. 

Para mí es imprescindible sentir que tengo libertad de movimiento (para trabajar desde casa o desde el Matarranya si me voy de finde, por ejemplo). De hecho, para eso he convertido el centro en un coworking. Porque con este modelo sé que puedo llegar a profesionales independientes, responsables, capaces y de confianza que no necesitan que yo esté físicamente para que todo funcione.

No quiero ser jefa, ni conserje, ni secretaria de nadie. Todo esto ya lo he probado y no es lo que quiero, no me gusta, caca. Gestora sí. Gestora mola.  Y gestora casera o viajera mola mucho.

En el próximo artículo me gustaría contarte cómo hago cuando tengo que tomar la decisión de abrir o no la puerta a un nuevo coworker. Será chulo compartir puntos de vista contigo.

Pero hasta entonces y después del tema aquí expuesto…

¿Qué hay de ti?
Si gestionas un espacio: ¿Has decidido ya quién es tu colaboradora ideal y en qué momento quieres que esté? ¿Sabes cómo llegar a ella y lo consigues?
Si eres profe o terapeuta: aunque hoy he hablado desde la perspectiva del centro, tu también haces tu particular cásting de espacios. ¿Sabes ya cómo tiene que ser el espacio ideal para tu momento? ¿Cubre las necesidades que tienes en este momento de tu trayectoria?

Me encantará leerte en los comentarios y seguir aprendiendo juntas. Y recuerda que puedes suscribirte a mi newsletter para recibir los artículos en tu correo.

Coral

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