El trabajo invisible de tejer relaciones

Una de las tareas más invisibles y bonitas que tengo como gestora de mi coworking tiene que ver con el arte de tejer relaciones: conectar a personas con otras personas, conectar una duda con una información, conectar una necesidad con un recurso. Cosas así.

Mi bruji-numeróloga me “diagnosticó” en su día que tenía el tema este de ser conectora muy potente. Y doy fe.

Para propiciar estas conexiones, en mi coworking rarito celebramos reuniones de coworkers una vez al mes, donde cada una puede plantear las dificultades con las que se encuentra en el día a día del desarrollo de su proyecto. Es tan sencillo como suena: el guión lo marcan las situaciones emergentes del momento, las aportaciones están basadas en la experiencia de cada una y el pulso del grupo lo dirige el propio grupo.

Porqué reunirnos periódicamente?

Ya… entiendo que lo preguntes. ¡Como si no tuviéramos suficientes cosas que hacer!
Pero la verdad es que merece la pena, pues es una inversión de tiempo muy mínima para lo mucho que nos aporta.

Para conocernos

Gracias a estas reuniones podemos conocernos mejor. O incluso conocernos a secas. Ya que, dadas las características de nuestras actividades y del espacio, hay coworkers que si no, no coincidirían nunca.

Por supuesto, hay un respeto absoluto a la sensibilidad de cada coworker. Quiero decir que no todo el mundo tiene la misma necesidad (o incluso ganas) de reunirse y no hay ningún problema con eso. Las reuniones no son un fin en sí mismo, sino una herramienta (que usa quien la encuentra útil) para mejorar su día a día.

Para colaborar

Gracias a los encuentros es más fácil crear colaboraciones y sinergias: pactar sustituciones, derivarse alumnos/pacientes  o emprender proyectos compartidos. Conocer de primera mano el trabajo de cada coworker y compartir ratitos es imprescindible para detectar sintonías y tejer relaciones.

Para respetarnos más

Encontarnos y conocernos nos ayuda a cuidar la convivencia, a ampliar la mirada, a darnos cuenta que el espacio lo comparte gente distinta con dinámicas y necesidades distintas. Y es que sí, los espacios compartidos y polivalentes tienen su gracia, pero también tienen sus handicaps. Cosas del estilo: respetar los horarios, pedir a las alumnas que salgan en silencio o mantener en orden el material de las salas, resultan más fáciles de integrar si trabajamos la cultura de equipo.

Para crecer

Nos pasan, nos han pasado o nos pasarán cosas muy parecidas. Los temas en los que nos encallamos suelen ser bastante recurrentes: ¿cómo hago para llenar mis grupos? ¿estoy cobrando demasiado caro, demasiado barato? ¿qué hago cuando una alumna no ha cumplido con sus cuotas? ¿soy demasiado pesada en mis redes sociales? Como ves, son cuestiones bastante “universales” por lo que cada una puede aportar testimonio en base a su experiencia y habilidades.

Para reirnos

¡Nos reímos! ¡A veces solo un poco y a veces un montón!
Y bueno, no sé tú pero para mí trabajar divirtiéndome es lo más. De hecho he descubierto que es uno de las cosas que me mantiene más comprometida en cualquier proyecto.


Y ahora dime: ¿qué hay de ti?
Si trabajas en un espacio parecido al nuestro… ¿celebráis reuniones?
¿Te parecen útiles?
¿Te gustaría aportar algún otro punto a esta lista?

Como siempre, gracias por tu visita, lectura y comentarios.
¡Un abrazo!


Coral

Categorías Emprender

3 comentarios en “El trabajo invisible de tejer relaciones”

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