escondites

Ayer domingo me desperté con esta sopresa en mi FB. 

Estas palabras de Thais, alguien a quién conozco casi exclusivamente a nivel virtual, llevan horas resonando en mis entrañas. Me tocan profundo.

Y me acarician y duelen a partes iguales. 

Como artesana de la danza durante años me he entregado de manera libre a la mirada del otro. He disfrutado de crear, improvisar, sentir y compartir en escenarios diversos, desde teatros a cárceles. He sentido mi danza como una ofrenda. Y sí, he sentido el altar bajo mis pies.

Pero de un tiempo a esta parte siento que necesito esconderme. Sigo estando feliz y cómoda en mis clases, en lugar seguro entre mis queridas alumnas. Pero he necesitado (al menos por un tiempo), esconderme “del mundo”. 

Que me hago vieja peña.

Ya.

Ya sé que no soy vieja.

Que sí… que tengo salud, que estoy “muy bien para mi edad” (tópico inquietante), que a partir de los 40 las mujeres entran en una especie de lugar sideral donde todo es lo más mejor hasta el infinito y más allá. 

Pero esto no es lo que yo siento aquí y ahora. A mis 41 y medio me siento mayor para bailar en público. Al menos para bailar la que he sido hasta ahora. Así que mientras me aprendo nuevamente a mí misma, voy a seguir un rato escondida de las luces y las tablas “del mundo”. 

gener 22, 2018
Aquesta web utilitza cookies. Pots veure més info sobre això a >>>    Veure Política de cookies
Privacidad