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Sorpresas extraterrestres

La vida puede ser muy loca.

Si a los 17 años alguien me hubiera dicho que dedicaría 18 años de mi vida a bailar e impartir clases de danza me hubiera partido la caja. Creo que mis amigas también. Y mi profe de gimnasia ni te cuento.

Si a los 26 alguien me hubiera dicho que abriría mi escuela y que con los años se convertiría en un espacio de referencia en la ciudad, también me hubiera reído mucho.

Pero mira, si a los 35 me hubieran dicho que me atrevería a hacer las webs de mis proyectos, me apasionaría y que con el tiempo, otras personas me acabarían confiando la creación de sus webs… yo creo que ya no me hubiera reído tanto.

Me hubiera parecido igual de extraterrestre que dedicarme a la danza o abrir un centro, pero visto lo visto, también más creíble.

Mientras me pregunto qué sorpresa extraterrestre me depara la vida por los 50, ahora me toca explicarle al mundo como he pasado de ser bailarina a dedicarme a ayudar a otras personas a gestionar y comunicar sus proyectos.

De la danza a la gestión

Empecé a facilitar las primeras clases de danza en 2002. Los primeros años impartía las sesiones en varios centros y ciudades, feliz de la vida viajando con mis apuntes y CDs (sí, en 2002 funcionábamos con CDs). Fue un inicio muy chulo, donde todo lo que me faltaba de experiencia lo compensaba con pasión extrema. Y durante un tiempo, esta vida nómada de ir arriba y abajo tuvo su gracia.

Con los años, las ganas de echar raíces comenzaron a apretar, hasta que en el año 2005 decidí abrir mi primer centro. Un espacio pequeño y bastante underground que me sirvió para medirme y comprobar que el rol de gestora me gustaba tanto como el de profe y bailarina. Y que a pesar de que debería aprender un montón de cosas, podía desarrollarme bastante bien en ello.

Así que en 2008 decidí liarla de verdad y emigrar al segundo espacio. Un centro más grande, con más compromisos de todo tipo y compartido con otr@s profes que tenían motivaciones y necesidades similares a las mías.

Durante 11 años más, piqué piedra hasta convertir la escuela en un coworking especializado en danza, yoga y meditación con un equipazo de 12 profesionales. Toda una aventura que terminó el mes de junio de 2019, cuando decido dar por finalizada esta fructífera etapa y pasar el relevo del centro a otras personas.

Bailarina Mutante is in da haus 🖖

He mutado, sí.

He cambiado el maletín de maquillaje para la mochila del portátil. Las listas de música clásica oriental por los podcasts de copywriting (que es una técnica de escritura muy chula y muy útil). Y los talleres con profes internacionales para formaciones frikis de desarrollo web.

Explicado así parece el viaje del antiheroína.

Porque a ver, reconozcamos que el viaje inverso está muuucho más de moda, es más cinematográfico, y tiene mucho más glamour. Pero mira, es mi aventura, la he elegido con libertad y conciencia y me está haciendo muy feliz.

A menudo la gente me pregunta cómo es posible que haya pasado de dedicarme a la danza a hacer estas cosas de comunicación digital, como si fueran mundos irreconciliables. Y yo pobre de mí, que me atrevo a dedicarme a la comunicación, aunque no sé muy bien cómo explicar con palabras que en realidad, no me parece tan diferente una cosa de la otra.

Pero eh! Prometo seguir buscándolas (las palabras).

🙂

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